viernes, agosto 22, 2008

Termina la playa.

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Allí, justo en la frontera entre la arena blanca y la arena oscura se encuentra al fin. A veces, esa frontera se mueve un poco hacia adelante, comiéndose un pedazo de la tierra tan solo por unos instantes. Pero si una nueva ola no moja ese sitio de nuevo rapidamente, poco a poco esa arena se vuelve otra vez blanca y se olvida del mar.

Tres años completos y contando han pasado ya desde que llegué a Hiroshima, a mi Hiroshima. La ciudad, la isla que dio lugar al naufragio de mis emociones. Los sobrevivientes de la bomba, hoy ya son viejos, y crian a sus hijos, y algunos de ellos ya también, a sus nietos.

En fin, creo que habré aprendido muchísimo a lo largo de todos estos meses, de estas casi 4 vueltas al sol. Lo suficiente para saber que el oleaje del mar me ha llevado lejos de mi isla, de mis tierras del refugio. Fue una buena terapia, pero ya no quedan mas radiaciones de la detonacion de aquella bomba, horrorosa en su momento, despiadada, terrible.
Como siempre, la reconstrucción de la zona cero y a partir de allí hacia los alrededores, es lo mejor que ha sucedido.
Ay! cuanto me dejó este pequeño espacio!, cuánto me ha ayudado a conocerme a mi mismo y a los abismos ignorados del ser humano!...pero ahora, Hiroshima, mi Hiroshima...es tiempo de irme...aun no, pero ya pronto. El otoño espera por ti... yo ya no iré contigo...


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