sábado, octubre 01, 2005

Un poco de todo

¡Qué débiles son nuestras voluntades!.
¡Cuán volátiles nuestros proyectos!

Tras haber transcurrido prácticamente todo el mes de septiembre sin hacer bitácora, con mucha renuencia me siento a rescatar lo que queda de septiembre.

La vida en tales días debe asemejarse mucho a ese coctel de frutas que por las mañanas desayuno en el mercado de cuando en cuando. Unos trozitos de melón por aquí, alguna rebanada de tuna por allá, sandía, mango, una rodaja de plátano... Hay de todo, en la viña del Señor.

El post anterior podría hacer pensar que mi abandono se debió a un fracaso en mis cursos. Por el contrario. La situación se ha restablecido y, aun cuando mi camino hacia GEE dista aun en el calendario, ya es casi la tercera parte del camino la que he recorrido. Una nueva gerencia se presenta hoy en tienda. Contra la absorción de tiempo que han representado las últimas cuatro semanas del trimestre se ha dejado sentir una ola de relajación y serenidad.

Solamente pequeñas dudas nublan el final de mes. Dudas livianas, que ya no cargho con tanto ahínco, como lo hacía antes. Poniéndome a pensar, creo que me he alejado un poco de mis mejores amigos desde que llegué aquí. Amilkar, Yasser. Seguro ya están bien adentrados en el cuatrimestre y yo ni siquiera les he telefoneado. Me han llamado un par de veces, y emocionado de escucharles me acuesto a dormir asegurándoles vernos pronto, y olvidando todo por completo apenas sale el sol. Es cierto que dispongo de poco tiempo, pero ayer he visto a alguien en el trabajo leer Momo, y un auto-regaño se ha formado en mi conciencia. Es necesario rescatar esa moraleja tan valiosa que creí haber ganado para siempre. Si uno no lo hace así, la vida se le fluye a la coladera y cuando menos lo espera el suelo se ha secado.

Ayer venía de comer con Edith, y al doblar la vuelta por la esquina vi a Yoselín. Venía un poco adormilado por el exceso de comida y el efecto somnoliento que cae sobre uno cuando ha terminado de ingerir la ración fuerte del día. Por momentos pensaba en nada, por momentos en el tiempo que aun me quedaba, por momentos recordaba la voz de Ruth a través del auricular. Fue entonces cuando oí su voz pronunciar las palabras: “Hola, vago!”. Tardé en reaccionar que era ella, a pesar de que siempre la reconozco aun desde la esquina contraria de la calle. Pero cuando al fin lo hice, el ensimismamiento que llevaba se esfumo como polvo en el aire. Francamente me sorprendió. Intercambié unas palabras triviales con ella y los saludos de siempre. Tenía una blusa blanca sin mangas y una falda verde soldado de tablones. No es de extrañarse que vista así pero ayer bajo el imperioso sol y mis adormecidos sentidos su imagen contrastó con fuerza. Ayer Yoselín me pareció una de esas chicas que vuelven loco a cualquiera únicamente por su figura. Y, me cayó mas de extraño a mi, porque, siendo yo alguien que sufre de encontrar verdadera revolución interna a causa de eso, y busca esta revolución mas en el aspecto intelectual / espiritual de la persona en cuestión, me quedé pasmado (podría decir hasta espantado), de la manera en que reaccionaron las emociones (o debiera decir sensaciones) en mi cuerpo. Tal ves siempre he creído que ella es muy chica de edad, o que simplemente sus intereses y los míos jamás congeniarían debido a ello, pero ayer, por un momento todo eso me importó un reverendo bledo. Pensé que era maravilloso que de pronto todavía existiera algo que me desarmara completamente y que pudiera topármelo en la calle, en la vida común y corriente, aunque fuera muy esporádicamente. Seguí de largo y llegué a casa.

Pamela debe estar enojada conmigo una vez mas porque no le he marcado. Lucero también, mas bien diría que decepcionada. Parezco ser un desastre por donde quiera que me paro ( a excepción de en el trabajo), pero francamente me siento muy bien. En el último de los casos, todo ello ha pasado en la última semana, pero la anterior fue excepcional. Hasta he abandonado un poco mi ritmo de lectura debido a ello. Ya prácticamente el jueves debo ir a devolver los libros y tengo varios de ellos a medio leer: Yo, el gato; Popol Vuh. La sombra mas allá del tiempo, la visión de los vencidos, Renshuu, etc. Creo que debo aplicarme un poco más.

No he escuchado a mi familia desde hace quince días.

Entre tantas cosas, uno sigue caminando, viviendo esto, viviendo aquello, deseando ciertas cosas, olvidando algo y volviendo a desear otras tantas. Este es el lado bonito quizá de la vida. Un interminable viaje a través del espacio (no del tiempo), y las insondables profundidades del corazón del ser y su propia mente.



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