domingo, abril 09, 2006

Sábado


Fabián
no reparó en acercarse el banquito y empezar a leer el texto, aun cuando todavía nadiele hacía caso. La clase había empezado. Por detrás de la puerta de caoba se escucho el gangoso chillido del timbre interfono desde la planta baja, mientras en los rostros de los demás se notaba una agraciada despreocupación e imperturbable calma.

Pero yo sentí ese friíto que se da unas marometas en tu pecho y luego grita con su voz infantil: "Sí!,si!!" -brincando caprichosamente desde la puertita del inconsciente.

Volteé a ver la puerta de caoba, y uno segundos después, se dibujó tu figura tras la madera. Oh! Dios!, esa sonrisa que me mata poco a poco. Te veías flojita, tal vez algo desvelada, hambrienta quizá, soñolienta o desganada, pero feliz. Feliz de estar entre nosotros una vez mas y actuar como si todo lo que deseamos en común ya estuviera en nuestras manos. ¿Que si estoy preocupado?. Ayyo!, mas que eso!.

Tal vez, si no insistieras en mostrar ese interés porque ya me mude al Distrito para "ir ala escuela, estudiar, ver una película de Kurosawa, conocer el sur de la ciudad, juntos"...

Se que es demasiado nada para ser tanto, solo yo me entiendo. Pero definitivamente mientras sigamos en este camino juntos, alrededor de una mesa blanca de pino situados entre la bandera del círculo rojo y el pizarrón blanco sobre el que se reflejan los sabatinos rayos solares de cualquier estación, seguiré sintiéndome morir un poco de emoción con esa sonrisa y esa alegría tuya emanada de esos ojitos chiquitos y juguetones, que desde atrás de sus lentes se mueven copiosa y vivazmente hasta dejar sentir que, aunque tarde, finalmente, el grupo está completo.

No hay comentarios.: