viernes, mayo 05, 2006

Dejarse mojar por la lluvia

Gaia. Segunda revelación: el dolor de purificarse.


Cristales de las alturas,
copos negros de algodón.
Vi caer un angel desde el cielo,
de eso estoy seguro.

Pero sus suaves manos no acogieron a nadie,
ellos corrían como si cayeran dagas, cuchillos cortantes.
Porque se metían debajo de las esterillas,
se metían a los locales, cubríanse con los estantes.

Inmóvil me quedé entre su metralla fría.
No alcancé a ponerme a salvo.

¿De esto huían despavoridos?.
Sed. Saciedad...
¿De agua y fe no es que viven los desnutridos?.
Pobreza. Felicidad...

Vi en el subterráneo una madre llorando con su hijo en brazos,
en el parque,
un borracho junto a la palmera sus penas vomitando.
La furia en los ojos del transeúnte hipnotizado.
Asco en las miradas féminas
que escucharon el grito de auxilio deformado.
Maldiciones escupidas en el papel
de un diario abandonado.

Y todos ellos tenían lodo en sus caras,
cubríales completos el rostro y el corazón.
Impedíales ver el origen de sus náuseas,
la podredumbre de la madera con que levantaron sus chozas,
la descomposición del alimento que sus bocas se tragaban.

Entonces, comenzó a llover.
Cristales de las alturas,
copos negros de algodón.
Vi caer un angel desde el cielo,
estaba llorando de tristeza y de felicidad,
sus lágrimas podían limpiar el lodo de sus llagas,
podíía quitar las penas de sus almas,
doblegar el cañón de hierro de sus armas.
Las de todos, en un solo instante.
¡¡pero aun asi huían!!,
porque caían como dagas,
porque en la piel se sentían frías como cuchillos cortantes.

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